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En el Perú, apenas el 48 % de los hogares urbanos cuenta con agua las 24 horas del día, según un reciente análisis de Videnza Instituto. Aunque la cobertura rural avanzó en la última década, en las ciudades se mantiene estancada en torno al 92 %, lo que evidencia que el reto del saneamiento dejó de ser solo rural y se ha convertido también en un problema urbano.

El informe advierte que la calidad del agua es otro factor crítico: “Solo el 38 % de la población accede a agua con cloración adecuada, mientras que más del 40 % consume agua sin cloro detectable”. A esto se suma la precariedad en la continuidad del servicio: en promedio, los usuarios reciben agua apenas 15.9 horas diarias, con brechas marcadas entre ciudades.

Otro de los problemas es el alto nivel de agua no facturada por parte de las Empresas Prestadoras de Servicios (EPS). En 2023, estas pérdidas superaron los S/1,500 millones, principalmente por la falta de micromedición (medición del consumo de agua mediante medidores instalados en sus puntos de uso), fugas en redes envejecidas y un bajo gasto en mantenimiento.

Esta situación se traduce en cortes constantes y colapsos en el suministro. El estudio concluye que las deficiencias responden a baja ejecución presupuestal, deficiente gestión e ineficiencia de las EPS, por lo que plantea como salida la profesionalización de la gestión, mayor inversión en micromedición y la promoción de alianzas público-privadas para garantizar un acceso seguro y continuo al agua potable.

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