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El proyecto San Gabriel, de la Compañía Minera Buenaventura, logró producir ayer (martes) su primera barra doré (una aleación de oro y plata). Este avance posiciona a la unidad minera ubicada en el distrito de Ichuña como el nuevo motor aurífero de la empresa para los próximos años. Sin embargo, mientras el oro comienza a brillar, la tensión social en la zona de influencia sigue creciendo.

A pesar del éxito productivo, las comunidades de Ichuña denuncian que las promesas de responsabilidad social aún no se cumplen. Los usuarios agropecuarios de Quirohoma y Ansanami-Pobaya han lanzado una grave alerta, señalando que el proyecto está ocasionando sequías y contaminación, afectando directamente sus actividades diarias. La población exige que la riqueza extraída se traduzca en el cumplimiento de una lista de compromisos que superan los 40 millones de soles.

Entre las obras más urgentes que espera el pueblo de Ichuña se encuentran el proyecto de agua y saneamiento (S/ 5 millones), el fondo semilla (S/ 7 millones) y la mejora de la carretera Jancapuco–Crucero. Además, exigen fondos anuales para desarrollo y hasta la restauración de su iglesia local. Para los vecinos, la producción de la primera barra de oro debe ser el punto de partida para que la empresa atienda estas demandas históricas que buscan proteger el agua y mejorar su calidad de vida.

Este inicio de producción pone a prueba el modelo de convivencia entre la gran minería y las comunidades altoandinas.

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