De acuerdo con el último Boletín Estadístico Minero del Ministerio de Energía y Minas (Minem), la región Puno registró una inversión de 89.6 millones de dólares entre enero y octubre de este año. Esta cifra coloca a la región en el decimocuarto (14) lugar a nivel nacional, representando apenas una mínima parte del total invertido en el país. El resultado contrasta fuertemente con regiones vecinas como Moquegua y Arequipa, que lideran el sector con inversiones que superan los 600 y 585 millones de dólares respectivamente.
A pesar de contar con un gran potencial en reservas minerales, Puno enfrenta serias dificultades para atraer capitales. Los proyectos de exploración actualmente deben lidiar con barreras burocráticas y una alta conflictividad social, factores que generan incertidumbre y riesgo social elevado en las empresas. Esta situación provoca que las inversiones se trasladen a otras zonas del Perú, como Arequipa, donde solo la ampliación de Cerro Verde proyecta invertir más de 2 mil millones de dólares en los próximos cuatro años.

El impacto de este bajo nivel de inversión se siente principalmente en las familias del campo. Al no aprovecharse los recursos bajo estándares internacionales, se limita la generación de empleo directo e indirecto y recursos para obras de desarrollo. Como consecuencia, muchos ciudadanos optan por migrar a otras regiones en busca de mejores oportunidades económicas, dejando atrás el potencial productivo de sus comunidades de origen.
La reactivación del sector minero responsable aparece como un reto clave para la economía puneña. Lograr un equilibrio entre la inversión y la estabilidad social podría ser la llave para generar la riqueza y el bienestar que la población espera para frenar la migración y fomentar el crecimiento regional.
